jueves, 26 de junio de 2014

Interpretación formalista de "El Elefante"

Una aproximación al texto de "El Elefante" de Cesar Dávila Andrade es el de los formalistas. Haciendo una relación dialéctica entre orden y caos hemos terminado con términos opuestos o correlativos según de donde se vea, que son el no orden y el no caos. El orden y el caos se ven mejor representados por el inspector en sí. Tiene claro que el orden que el va a seguir es el de ser incorruptible, con el lema de "ni una hoja de lechuga" y tiene así también claro que su trabajo requiere que mantenga el orden entre comerciante y consumidor. Asimismo el hecho de elucubrar la idea de las tres "aes" que es típico de los que se enaltecen, hacen que sobresalte el orden. Algo muy interesante es que siempre dice las tres siglas y los nombres que estaban asignados al principio del cuento a A.A. y A. varía a través del cuento y se vuelve una suerte de transformación en el personaje mientras los apellidos cambian. Al mismo tiempo cuando come el pedazo de carne deshilachada y escupe ese mismo rato el pedazo comienza el caos y sanciona a la mujer injustamente con lo primero que ve. La molestia que tiene hace que desvíe ese enojo con lo que le rodea en su entorno. Esta escena se repite en la casa, cuando le dice a su mujer una cantidad de palabras insultantes que causan que esta llore y entre el caos. Estos dos estados presentes tienen sus opuestos y estos se ven claramente representados por los ayudantes del inspector. Estos ayudantes no contribuyen nada en poner orden, nada mas anotan lo que el inspector instaura como orden lo cual hace que hagan un no caos pero tampoco contribuyen en el caos que arma el inspector, lo cual hace que sean figuras circundantes por donde nada ocurre. Como un mero tubo por donde fluye el orden y el caos en el mercado. Son figuras antagónicas al inspector ya que representan lo opuesto en el diagrama. Luego el mercado puede ser considerado como un lugar caótico donde existe un no orden. Esto se debe a que es un lugar donde requieren de un inspector para que mantenga el supuesto orden. El pedazo de carne es sin duda alguna la representación máxima del caos ya que con esta molestia es que comienza el inspector a imponer sanciones arbitrarias y a inflamarse en cólera. Por oposición tomamos a la comisaría como el orden o el no caos y pensamos directamente que esta institución permite ordenar el caos del mercado y de la sociedad. El objeto que concuerda con estos dos puntos es el alfiler que funciona muy bien ya que elimina al pedazo de carne de entre los dientes, que es lo que causa el caos dentro del inspector. El alfiler alivia el caos y trae el orden de vuelta cuando saca a "el ELEFANTE" de la boca de el inspector y le permite volver a ser ese personaje que trae el orden y no el caos.

1 comentario:

  1. Pues tu lectura es formalista, pero busca la estructura. Me parece que lees "caos" y "orden" de manera demasiado convencional. El mercado en sí, un lugar de trastorno, "carnavalesco" (en tanto es la carne lo que motiva todo el relato), ya es un indicio de las cosas al revés. No de la realidad, sino del orden simbólico prescrito. Parte de la frustración del inspector tiene que ver con el hecho, vivido en carne propia (siempre la carne) de que el intento de instaurar una operación "recta y moral" causaría mucho mayor revuelo. La idea es que la norma es la coima y la corrupción y en esas circunstancias, el intento (forzado) de implementar otro estado de cosas implica una transgresión que nadie puede soportar, incluido el protagonista. En el carnaval medieval, el orden convencional se ponía de cabeza por unos días, el rey era plebeyo, el feo, guapo, el rico pobre y el pobre rico, precisamente para ratificar el orden, no para subvertirlo. Es ese mismo escenario de exotismo (el elefante) el que impera en el relato de DA, un entorno que parece desafiar el orden constituido, solo para afirmarlo. El exabrupto del inspector conforma la tormenta interior que siente en el momento de desajuste ("anomie" lo llamaba Durkheim) entre el orden prescrito y la realidad abyecta. Es la incapacidad de conciliar la directiva interna con la realidad externa lo que provoca el desplazamiento de su agresión hacia las mujeres del relato, en buena parte de la misma manera en que observamos este fenómeno en "The black cat", es odio exteriorizado pero en realidad dirigido hacia el fuero interno del mismo personaje. El título del relato, para volver sobre psicoanálisis y parapraxis, elefante, aludiría en este sentido a la memoria fabulosa de este ser simbólico, al hecho de que el protagonista olvida lo que quiere olvidar (su propia realidad abyecta) y no quiere asumir ese olvido.

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